Capítulo 17
Las sombras que heredamos
El ático de Dominic estaba en silencio cuando finalmente entró. No había luces encendidas. Solo el suave resplandor de neón de la ciudad se filtraba por los enormes ventanales, proyectando largas sombras sobre el suelo de mármol.
No me moví.
Llevaba horas de pie en la cocina, envuelta en la bata, descalza y con frío. Cada crujido que oía en el pasillo me hacía estar alerta, esperando que fuera él. Y siempre me equivocaba. Tenía que recordarme a mí misma que respirara.
Ahora estaba aquí.
Entró, dejó las llaves en la mesa de la entrada y cerró la puerta en silencio, como si incluso el crujido le resultara insoportable.
Algo no encajaba.
Lo presentí antes de verlo. Su energía era extraña. Pesada. Sus hombros se encorvaron y apretó la mandíbula, como si algo dentro de él se hubiera roto y luchara con todas sus fuerzas por mantenerse entero.
Me vio.
Y yo lo vi: ese brillo en sus ojos. Dolor. No solo por el día, sino por soportarlo solo.
Di un paso adel