Capítulo 17
Las sombras que heredamos
El ático de Dominic estaba en silencio cuando finalmente entró. No había luces encendidas. Solo el suave resplandor de neón de la ciudad se filtraba por los enormes ventanales, proyectando largas sombras sobre el suelo de mármol.
No me moví.
Llevaba horas de pie en la cocina, envuelta en la bata, descalza y con frío. Cada crujido que oía en el pasillo me hacía estar alerta, esperando que fuera él. Y siempre me equivocaba. Tenía que recordarme a mí misma que