CAPÍTULO 98
Las Consecuencias Invisibles
Grayson estaba sentado en un rincón oscuro de la habitación del hotel, con la cabeza pesadamente apoyada entre las manos. El latido en su cráneo era implacable, cada pulso un agudo recordatorio de la noche anterior, una noche que no podía recordar del todo, una noche que ahora se cernía sobre él como una nube oscura e invisible.
La evidencia a su alrededor era inevitable. Las sábanas revueltas, la ropa desparramada, el persistente olor a alcohol y perfume; todo le gritaba, implacable e implacable. Y, sin embargo, cuanto más miraba, menos podía reconstruir. Cada detalle era una pista, pero la historia seguía siendo desesperantemente incompleta.
La culpa lo envolvía como cadenas. Grayson podía sentirla oprimiendo su pecho, dificultándole la respiración. El pensamiento de Vivian, esperándolo, ansiosa, preocupada, tal vez incluso herida, le arañaba la mente con dedos afilados e inflexibles. Sus llamadas, sin respuesta, lo atormentaban. Su presencia