CAPÍTULO 97
El pánico de Grayson
La cabeza de Grayson latía como un tambor de guerra, un latido despiadado e implacable que ni el aliento ni el agua podían calmar. Cada pulso le atravesaba el cráneo, agudo e inflexible, haciendo eco del caos en su mente. Lenta y dolorosamente, forzó los ojos a abrirse. El techo sobre él era una mancha blanca, demasiado brillante, demasiado limpia. No era su hogar. No era su apartamento. No era el refugio seguro donde podía pensar con claridad.
El aroma lo impactó primero: floral, embriagador, inapropiado. Se aferró al aire como una mortaja, desconocido y sofocante. Y entonces, fragmento a fragmento agonizante, los fragmentos de memoria —o la falta de ella— lo recorrieron.
La mano de Grayson cayó sobre las sábanas a su lado. Piel cálida. Un cuerpo. Algo suave se apretó contra su brazo. Se congeló, con el corazón latiendo como un animal enjaulado. Giró la cabeza lentamente; cada movimiento era una pequeña traición a su cordura.
Linda.
El nombre cruzó p