CAPÍTULO 102
Lágrimas en el diagnóstico
El teléfono sonó con fuerza, rompiendo el silencio del apartamento de Vivian. Su mano se paralizó en seco; el repentino sonido le dio un vuelco el corazón. El identificador de llamadas mostró el nombre que tanto temía y deseaba evitar: su médico.
Vivian tragó saliva con dificultad, con las palmas sudorosas al responder, con la voz temblorosa a pesar de sus esfuerzos por mantener la calma. "¿Hola... doctor?"
"Vivian", la voz de la doctora era tranquila, pero con una urgencia que le provocó un escalofrío. "Necesitamos hablar de los resultados de sus pruebas inmediatamente. Es importante. ¿Puede venir antes de su cita?"
A Vivian se le encogió el corazón. ¿Antes? ¿Por qué? Se había estado preparando para esa cita, para la conversación, para cualquier decisión que tuviera que tomar. Pero ahora... ahora se estaba apresurando.
“Eh… sí, doctor. Voy… voy enseguida”, logró decir, con la voz ligeramente quebrada. Sus dedos temblaron al terminar la llamada