Capítulo 26
La red que tejió
La ciudad se desdibujaba alrededor de Dominic mientras conducía con una precisión aterradora, de esas que nacen de años de ira reprimida. Tenía el rostro tenso, una mano aferrada al volante y la otra a la pierna, con los dedos temblando por el control. La potencia chispeaba en el coche, cada latido más fuerte que la lluvia que empezaba a golpear el parabrisas.
Nos vigilaban. Nos seguían. Nos rastreaban.
Y Sasha... tenía motivos, medios y un veneno lo suficientemente poderoso como para atacar de repente.
—¿Crees que hablará con nosotros? —pregunté, con la voz apenas audible por encima del zumbido de los limpiaparabrisas.
—No tendrá opción —gruñó Dominic—. Quiere jugar... bueno, estamos jugando. Pero esta vez, no jugamos a ciegas.
Vi su rostro: el ceño fruncido, la tormenta en sus ojos. Sabía que tenía miedo. No tenía miedo de Sasha, sino de lo que esto significaba. De hasta dónde ella —o quienquiera que la estuviera ayudando— estaba dispuesta a llegar.
Lleg