CAPÍTULO 163
La Grieta en la Fachada
Vivian no tenía intención de escuchar a escondidas.
De hecho, después de que Grayson saliera de la habitación, intentó obligarse a recostarse y descansar. Su cuerpo lo necesitaba, y su mente ya estaba agotada por todo lo sucedido en las últimas horas. Pero en cuanto oyó voces agudas —apagadas, agudas, tensas—, todo su cuerpo se tensó.
El corazón le dio un vuelco.
Sabía exactamente de dónde venían esas voces.
El tono de Grayson era inconfundible, incluso amortiguado por las gruesas paredes del pasillo. Profundo. Firme. Controlado. Un tono que rara vez usaba a menos que ocurriera algo grave.
Y la voz de Linda…
Oh, la voz de Linda transmitía esa dulzura familiar que se aferraba a cada palabra como miel podrida goteando de un tarro roto.
Vivian apartó la manta lentamente. De repente, todos los sonidos de la casa se sintieron más fuertes: el tenue tictac del reloj del pasillo, el zumbido distante del refrigerador y el ritmo irregular de su propia respi