Capítulo 112
Entre la verdad y la verdad
Me siento en el asiento trasero del coche, agarrando el borde del asiento con tanta fuerza que se me clavan las uñas en las palmas. Grayson conduce delante, en silencio; la tensión entre nosotros es más densa que el aire nocturno. Siento cada latido, cada temblor de su cuerpo, como si el propio coche se hubiera convertido en un receptáculo para la tormenta que se avecina en nuestro interior.
Quiero hablar, decir algo que de alguna manera pueda arreglar esto, salvar el abismo de confusión, miedo y angustia que nos separa. Pero las palabras se me atascan en la garganta. Son pesadas, ásperas, imposibles de superar los muros de pánico y vergüenza que he construido.
"Grayson...", susurro finalmente, mi voz apenas audible por encima del zumbido del motor. Me estremezco al oírlo, pero no puedo detenerlo. Necesito que me escuche, aunque sea solo un frágil hilo que nos conecta.
Me mira por el retrovisor, solo un instante, y luego vuelve a mirar al fren