Capítulo 76
El precio de la libertad
Amaneció en silencio, pero dentro de mí reinaba la inquietud. Iba en el coche con Dominic, con los dedos tan apretados que se me pusieron blancos los nudillos. Su mano cubría la mía, firme e inflexible, pero también sentía el latido de su pulso, más acelerado de lo normal, como si su calma exterior ocultara la tormenta que rugía en su interior.
Nos dirigíamos a la comisaría. Hacia él. Hacia Grayson.
Jamás pensé que llegaría un día como este. Después de todo —después de la traición, la obsesión, el secuestro, la humillación—, aquí estaba, caminando de nuevo bajo su sombra. No por voluntad propia, sino porque a veces la compasión te ata de maneras que ni la ira puede.
Dominic me miró al girar el volante. —Estás demasiado callada —susurró, con voz grave, profunda y posesiva—. ¿Te arrepientes de haber venido conmigo?
Negué con la cabeza. Sentí un nudo en la garganta. —No. No dejo de pensar en ello. ¿Por qué hacemos esto? ¿Después de todo lo que nos ha