Capítulo 41
El precio de la devoción
La noche era silenciosa, una quietud tan densa que resultaba insoportable, demasiado pesada para ser reconfortante. Grayson estaba sentado en el borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas, como si intentara contener sus propios pensamientos. El aire de la habitación estaba viciado, pero su mente daba vueltas sin parar.
Habían pasado horas desde que la doctora le dio la noticia. Cinco días. Ese era todo el tiempo que le