Capítulo 40
Amor, Pérdida y Sacrificio
El ambiente en la Mansión Rosewood era denso. Incluso la lámpara de araña, normalmente la pieza central de la majestuosidad del amplio salón, parecía suspendida más abajo en silencio, como si estuviera en sintonía con la tormenta que se gestaba silenciosamente entre las paredes. Grayson estaba tenso en el brazo de un sofá de cuero, con las manos juntas y los nudillos blancos.
Frente a él, su madre lo observaba atentamente. Su elegante postura permanecía intacta, pero sus ojos —esos ojos sabios e imponentes— eran indescifrables.
—Estás inusualmente callado —dijo finalmente con voz pausada—. ¿Qué te preocupa?
Grayson exhaló lentamente, llevándose una mano a la frente—. Es Vivian.
Ella se inclinó ligeramente hacia adelante, entrecerrando los ojos—. ¿Qué pasa con ella?
Hubo un silencio interminable. A Grayson se le hizo un nudo en la garganta. Permaneció sentado, erguido, temeroso de mirarla a los ojos y derrumbarse en mil pedazos.
—Está en coma —al