Capítulo 45
A un suspiro del silencio
La habitación del hospital estaba inusualmente silenciosa, un silencio denso y estéril que irritaba a Dominic. Vivian permanecía en la cama, su pecho subiendo y bajando tan lentamente que parecía que el esfuerzo se detendría en cualquier momento. Los aparatos a su alrededor emitían pitidos suaves; el latido apagado del monitor cardíaco era la única señal de que la vida seguía fluyendo por sus venas.
Dominic no se había movido de la silla junto a su cama en tres días. Su barba incipiente se había convertido en barba, su ropa estaba desaliñada y las ojeras parecían profundizarse con cada hora que pasaba. Pero no podía dejarla sola. Ni para dormir, ni para comer. No mientras ella pendía de un hilo entre la vida y la muerte.
Envolvió su mano con suavidad entre las suyas, acariciando sus nudillos con la yema del pulgar. Su piel estaba fría. Demasiado fría.
—Vivian —susurró con voz temblorosa y ronca por la emoción—, no te vayas. Estoy aquí. No estás s