A la mañana siguiente, bajé las escaleras con cuidado, podía oír voces viniendo del comedor y varias empleadas murmurando entre ellas. Una se puso a mi lado cuando termine de bajar todas las escaleras y estaba decidiendo por dentro si continuar el camino o directamente ir a la cocina para desayunar.
—Buen día, señorita.
La miró rápido —Buen día, ¿qué está ocurriendo allá adentro?—pregunte señalando el comedor.
Suspiró profundamente y camino hacia mí—Volvió el hijo más rebelde del señor Frank