Mis manos borraron las lágrimas de mis mejillas —Estaré contigo— le susurre.
Alan se estaba marchando frente a mis ojos, mis padres a mi espaldas discutiendo como debía continuar sin dejarme opinar. Mis manos taparon mis oídos, estaba observando irse al amor de mi vida y mis padres sólo hablaban de división de bienes, de dinero. No daba más, cada segundo ahí era un infierno y solo suspire.
Me toco mi espalda —Es lo correcto, hija no estés mal — me alienta.
Mi padre avanza hacia mi –Mi pequeña —