Testaruda como siempre.
Emma hizo su mayor esfuerzo por alejarse de la mano de Caleb cuando él la acercó a su rostro, pero apenas podía mover la cabeza.
Giró el rostro con repulsión, aunque ni siquiera eso impidió que sus dedos acariciaran su mejilla.
El asco le subió por la garganta.
Caleb sonrió como el psicópata que era y Emma sintió unas ganas feroces de escupirle en la cara.
No lo hizo porque necesitaba pe