Estás más hermosa que nunca.
Emma frunció el ceño cuando sintió algo que le impedía moverse.
Intentó girarse, apenas consciente, con la mente todavía sumergida en una oscuridad espesa que no sabía si pertenecía al sueño o a la realidad.
Le dolía la cabeza. La garganta le ardía. Tenía la boca seca y un sabor amargo pegado a la lengua.
Abrió los ojos despacio y por un segundo pensó que seguía soñando.
Todo a su alrededor