Estás mintiendo.
Los nervios de Emma estaban destrozados.
Ni siquiera la atención impecable de los estilistas lograba relajarla tras bastidores. Ni un masaje en los hombros, ni el murmullo de “todo va perfecto”, ni la rutina de última hora.
Nada conseguía mantenerla serena por más de tres segundos seguidos.
Era el último día de la Semana de la Moda y faltaban minutos para comenzar el desfile final.
Por supu