No soy tu enemigo.
Emma tragó en seco mientras se limpiaba los ojos, que efectivamente estaban humedecidos sin que se hubiera dado cuenta, aunque no era por tristeza ni por nostalgia.
Era rabia.
Rabia y frustración.
Eso era todo.
Se dio la vuelta un instante y soltó una risa sin gracia, porque Damián, cada vez que abría la boca, conseguía ir todav