No es tu culpa.
Sienna escuchó todo con el cuerpo rígido.
Al principio no habló, solo respiraba por la boca cada vez más rápido, como si necesitara aire extra para procesar semejante monstruosidad.
Luego las lágrimas empezaron a correrle por las mejillas sin que ella hiciera nada por detenerlas.
No eran lágrimas delicadas ni silenciosas, eran de rabia, de frustración. De esa clase de asco que deja a una persona sintiéndose suci