Hay algo que tienes que saber.
Por un instante, Emma creyó que el calor iba a abandonarle el cuerpo.
Sintió un vacío brusco en el estómago, un latigazo en el pecho y ese segundo extraño en el que uno piensa que va a faltarle el aire o que las piernas simplemente van a dejar de responder.
Sin embargo, todo aquello se transformó en otra cosa mientras leía por quinta vez la carta.
Para cualquiera, era un anónimo.
Para