Después de todo, eres una Miller.
Bajo la mirada atenta y curiosa de Caleb, Emma avanzó por el pasillo con los tacones marcando cada paso como si estuviera entrando a una guerra que, en realidad, había elegido provocar ella misma.
Llevaba una sonrisa helada, impecable, una de esas que no anunciaban amabilidad sino distancia, y fue observando a Sienna de pies a cabeza con un desprecio tan bien fingido que por un segundo hasta ella misma sintió el impulso de disculparse mentalmente con su amiga.