Su voz era tan fría y cortante como una cuchilla, capaz de destruir cualquier resto de dignidad. El rostro de Luis se tornó rígido, pasando de la incredulidad a la humillación.
—No sé de qué hablas. Cuando te acercaste a mí, no hablabas así… —Luis trató de defenderse, pero fue interrumpido por una de las mujeres.
—¿No lo entiendes? Sara nunca sería tu novia. La familia Nieves no aceptaría a alguien como tú.
—Exacto. Apuesto a que ni siquiera tienes una invitación. ¿Cómo te metiste aquí?
—Pobre S