En el coche hubo una pequeña mampara para que el conductor no pudiera ver lo que ocurría en el asiento trasero.
Sin ser visto, naturalmente, Balbino cogió a Flavia en brazos, sonrió y susurró: —Cuando tengamos a la familia Nieves, puedes darle lecciones a quien quieras, solo comprometerte un rato, ¿vale?
El rostro de Flavia se alivió ligeramente, el fondo de sus ojos era reacio pero sus movimientos eran sumisos, con una mirada coqueta y amorosa.
—Balbino, eres todo lo que tengo.
Balbino sonrió l