Sin mirar siquiera a Lorena, Urso se acercó al grupo de estudiantes.
Las dos compañeras a su izquierda y a su derecha le cogieron del brazo con entusiasmo y sonreían hacia la cámara.
Parecía que eran compañeros de clase.
Lorena hizo un gesto con la mano, —Miren a la cámara, el Joven del centro, ¡sonríe!
Urso no se inmutó, miró a la cámara, pero no sonrió.
Fingió ser serio.
Lorena frunció el ceño.
Comparado con los demás alumnos, Urso estaba realmente fuera de lugar.
Con cierto perfeccionismo en