—Había un circuito cerrado de televisión en ese edificio abandonado que captó en vídeo el comportamiento "espeluznante" de Estela.
Juan se quedó perplejo: —¿Espeluznante?
Estela llegó sola a la azotea, con la cara blanca de terror.
En el vídeo no aparecía otra persona detrás de ella, pero era como si alguien la empujara hacia delante.
Estela se paró frente a un montón de cuerdas y se agachó, temblando, sin poder evitar aullar y llorar.
Se volvió para mirar atrás, incapaz de oír lo que malde