Los ojos de Juan eran tan profundos como el abismo, y la expresión de su rostro era de dolor y lucha.
Rafael le miró y supuso que se encontraba mal, entregándole inmediatamente la medicina, —Jefe, toma la medicina.
Los labios de Juan se pusieron blancos y tiró la medicina al suelo.
Rafael se sobresaltó un poco.
Juan levantó los ojos y le miró, —Hay algo malo con la medicina, ¿no lo sabes?
—¿Qué? —exclamó Rafael, su rostro palideció mientras hacía una pausa—. Me la dio la señora...
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