Estaba oscuro y silencioso en plena noche, y Lorena cayó desorientada en los brazos de Juan.
Su voz, cálida y grave en la oscuridad, la hizo recuperar la sobriedad al instante.
—Lorena, háblame de nuestro pasado.
«¿Qué? ¿Está loco?»
La somnolencia de Lorena se disipó y puso los ojos en blanco sin aliento en la oscura noche, pero por desgracia Juan no pudo verla.
Intentó seguir haciéndose la dormida. El móvil de Juan sonó de repente.
Ella se revolvió molesta y se apartó de sus brazos.
Juan