No pudo evitar sentirse feliz desde el fondo de su corazón mientras la abrazaba y sentía su amor desbordante.
Todo lo que había cuestionado sobre la frialdad de la relación se desvaneció con la oleada de amor de ese momento.
«¡Cuán me quiere!»
Lorena inclinó ligeramente la cabeza y le sonrió suavemente.
Era como si la mansa Lorena del momento pudiera con la mitad de su vida. La disfrutaba.
Juan no podía apartar los ojos de ella.
Quería continuar aquel beso, pero temía no poder controlarse.