El viento soplaba fuerte.
Nadie descubriría quién desapareció.
Niko se temblaba por miedo.
Sabía que Juan quería matarlo.
Niko se asustó de repente, gritando: —Sr. López, escúcheme.
Las olas bañaban el crucero con un fuerte traqueteo.
El miedo de Niko se extendía por cada poro.
Los guardaespaldas miraron a Juan, que estaba mudo, en silencio.
Niko habló directamente con miedo: —¡Estaba atada fuera de la ventana por mí cuando entraste!
Su voz era ronca y llena de pánico.
Juan se desencaj