Lorena habló débilmente:
—Como un perro moviendo la cola.
Se tiró de la comisura de los labios, levantó los ojos hacia Polo e hizo un gesto con la mano:
—Señor Ruiz, adiós.
Ignoró la rígida sonrisa de Alberto y directamente cerró la puerta.
El conductor se apresuró a arrancar el coche.
Polo sonrió fríamente detrás de él, miró a Alberto y sacudió la cabeza, luego se dio la vuelta con elegancia.
Alberto dio un suspiro y al instante sintió que había perdido el partido.
Polo tenía medidas.
¡Juan no