Juan la miraba con ojos fríos y melancólicos:
—Resulta que no era ella, te equivocas.
—¿Qué, cómo puede ser...? —Susana estaba incrédula, mordiéndose el labio inferior:
—¿Me engañas para favorecerla? ¡Estaba planeando matarme con el incendio.
Lloraba con lágrimas que caían hacia abajo.
Juan mostró una actitud más fría, su voz era apagada y seria:
—Tiene todas las pruebas de que sobornaste a la camarera de la fiesta y provcó el incendio, así que si quieres montar un escándalo, adelante.
Lo que di