No tardó mucho.
Uno vino y llamó a la puerta.
María dejó la manzana e iba a abrir la puerta saltando:
—Quédate ahí cuñada, yo abriré la puerta.
Lorena no tenía ni ganas de mover:—...
—Eres tú Polo, ¿qué estás haciendo aquí?
María era sorprendida, entusiasmada y feliz:
—¿Conoces a mi cuñada? Pasa, por favor.
Polo asintió levemente, una inclinación caballerosa, luego entró y miró a Lorena, que estaba sentada en el balcón bebiendo té, con una pequeña sonrisa.
—Me lo enteré y vine a verte.
Susana ap