Salió corriendo por la puerta a grandes zancadas, con la voz cargada de escalofríos:
—Médico, llame a un médico...
Estaba muy nervioso y su rostro ya no tenía la serenidad de antes.
Le sorprendió un poco que el inmenso miedo del partido le envolviera como un torbellino.
Especialmente cuando la vio morir en el palco lleno de humo, sintió el corazón tan desgarrado que se le iba a abrir en carne viva, y le dolió tanto que se le dislocaron los órganos internos.
En este punto.
Lorena no podía decir l