Aurora la miró que se quedó allí, se acercó y tiró de su brazo:
—Señora Suárez ...
A Lorena le temblaron los labios y estuvo a punto de decir algo.
Al ver que la mujer le devolvía la mirada, los ojos se encontraron y la mujer la reconoció.
La mujer del lunar negro cambió drásticamente, se levantó al instante, derribó las sillas y mesas que tenía delante y corrió hacia el oscuro lugar opuesto ...
Lorena se echó a perseguirla, con voz obviamente nerviosa:
—¡Es ella, la que produjo el accidente!
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