Mario se despidió de la chica, siguió a su padre hasta la oficina de Don.
—Sé que no será agradable lo que voy a decirte, hijo, pero necesito que te alejes de esa chica.
—¿Por qué habría de hacerlo? —Al chico no le agradaba en lo absoluto que se metieran en su vida.
—Tenemos razones de peso para pedirlo.
—¿Acaso es por qué soy el hijo del dueño de la empresa y ella es una empleada de la misma?
—Sabes perfectamente que no somos ese tipo de personas, hijo.
—¿Entonces?
—Está bien, no tienes por qu