John bajó las escaleras a toda prisa, Amy iba tras él, cubierta por una manta
—¡Kenneth! ¡Kenneth, espera! —exclamó desesperada, pidiendo que se detuviera, él lo hizo, la miró con severidad
—¡He dicho que no soy más Kenneth! ¿Acaso no fui claro con que soy John? ¡Llámame John! —aseveró
Amy tenía los ojos cubiertos de lágrimas y asintió suavemente
—¿Por qué te comportas así?
—¡Ya mujer, no seas dramática!
Él tomó las llaves de la casa, ella lo miró incrédula
—¡¿A dónde vas?! ¡No puedes dej