Amy estaba llorosa, mirando al hombre con terror.
—¡Esto debe ser una gran confusión! —exclamó, sintió su corazón latir con mucha fuerza, dio la vuelta y se echó a correr, alejándose del cementerio y de ese hombre.
Viktor sintió que se quedó sin aliento, tuvo miedo, salió y subió a su camioneta, fue a la destiladora.
En la destiladora estaban John y Rosaleen, discutían sobre lo mismo.
—Por favor, Rosaleen, dame más tiempo. He renunciado a la absurda venganza.
—¿De qué estás hablando?
—Habl