Fedora llevó a Erin a casa, apenas entraron, la chica se maravilló.
—¡¿En esta casa viviré?! —exclamó con ojos brillantes
—Sí, hija, aquí vivirás —Fedora tomó su mano y la detuvo—. Hija, hay algo que debes saber.
Erin la miró con duda.
—Sí, dime, madre.
—Mañana debemos ir a hacer una prueba de ADN, así, tendrás el apellido y…
—¡No crees que soy tu hija! —exclamó llorando—. ¿Por qué? ¿Acaso no sientes en tu corazón que soy yo tu hija?
Fedora dio un paso atrás, sintiendo un miedo en su cora