Charles Proudfoot, el jefe económico de la empresa de Timothy Hardwick sonrió, se recostó en el espaldar de la silla poniéndose cómodo y respondió:
—Sí, aceptó, fue más fácil de lo que pensé, esperé un poco de resistencia, que me amenazara con despedirme si hacía lo que le propuse, no sé, algo antes de aceptar. Pero creo que ese hombre vio el cielo abierto cuando me escuchó hablar, no pensó en nada más, ni siquiera que solo llevo meses trabajando para él como jefe del departamento económico y p