Las escaleras de mármol que daban a las habitaciones principales, donde ella pasaría la noche, se veían simplemente magníficas. Lorette, observaba aquella magnificencia arquitectónica con sus enormes ojos llenos de curiosidad.
Durante el camino, Lawrence no pudo evitar sonreír enternecido por esa reacción de asombro que llevaba ella grabada en su rostro.
«¡Y espera nada más a que veas la sala de música! O quizás prefieras nadar en la piscina del invernadero…»
Se sintió tentado a comentarle,