Capítulo 28

—¡Imposible mantener la calma con tamañas ofensas!— se quejó Lawrence por enésima vez.—¡Imposible!

Lorette por su parte, lo dejó ser. Observando el hermoso paisaje de las rosas silvestres que crecían sin guías en el viejo y olvidado jardín, dejó que él hablara todo lo que necesitase y descargase sus pulmones de todo el odio que lo envenenaba.

«Si lo pensamos bien, motivos tiene para despotricar de esta manera. Si lo pienso mejor, hasta yo tengo motivos
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