Por supuesto que no.
Ser tratada con confianza y cariño como si fuera una hija verdadera ya bastaba para llenarle el corazón de calidez. Por eso, durante todo ese tiempo, lo único que había podido hacer era seguir los deseos de Doña. Además, nunca había habido una sola petición de aquella mujer que la perjudicara. Doña siempre pensaba en su comodidad, en sus necesidades e incluso en su bienestar, muchas veces antes de que Valentina llegara siquiera a pedirlo.
Y ese afecto no era algo pasajero q