Mundo ficciónIniciar sesión«¡Dios mío! Perdóneme», la voz sonó apresurada, casi desesperada, lo suficiente para que Valentina retrocediera instintivamente un par de pasos. Su cuerpo se tambaleó levemente, el corazón le latía con fuerza por la sorpresa, mientras una sensación fría rozaba el dorso de su mano. Agua. Podía sentirlo con claridad. Lo primero que cruzó por su mente fue que, por favor, su vestido no se hubiera manchado.







