Así, en silencio, caminó detrás de Valentina y Peni, observando cómo la figura frágil de su esposa avanzaba con paso lento hacia el lugar de la terapia.
Una vez más, su teléfono volvió a sonar.
El suspiro de fastidio que había estado conteniendo por fin escapó de sus labios.
Deslizó una mirada rápida a la pantalla: Diana.
Ah… por un momento pensó que sería Camila quien lo llamaba.
Deslizó el icono verde con el pulgar.
—¿Sí, Di?
—Señor, ya le envié el informe. Solo falta que lo revise una vez má