Sin embargo, lo que vio la dejó sin palabras.
Camila, en lugar de enfurecerse, sonrió. Una sonrisa luminosa, casi infantil, floreció en sus labios. Sus ojos destellaron como si acabara de recibir un regalo largamente esperado.
—Por fin ha llegado lo que tanto esperaba —murmuró con un tono travieso—. ¿Dónde tengo sesión mañana?
Sofi, nerviosa, buscó en su teléfono la agenda del día siguiente.
—Eh… no tiene nada programado, señorita. Solo una cena con la gente de Scarletta, para hablar de la reno