Desde la primera vez que presentó a su amante en la familia Herrera, Doña había desviado la mirada con un gesto de desaprobación. Incluso se lo había dicho con toda claridad en varias ocasiones. Alejandro amaba profundamente a su madre. La respetaba, al igual que a su padre, y seguía al pie de la letra los antiguos valores que regían su apellido.
Para Alejandro, la familia era el tesoro más valioso que poseía.
Por eso aceptó casarse con Valentina: para preservar el equilibrio, para no causar una