Camila frunció el ceño. Claro que lo sabía. Cada año recibía la invitación, y cada año inventaba una excusa distinta para no asistir. No soportaba ver la farsa de aquella noche: Alejandro Herrera, dueño de Soho Group, irradiando elegancia, con su esposa perfecta del brazo, sonriendo a todos con esa dulzura impostada que solo él podía inspirar. La paloma dorada de los Herrera, la llamaban. Mientras tanto, ella… solo era una invitada más.
Por eso evitaba ese evento a toda costa: fingía tener sesio