CAPÍTULO 11

El trayecto continuó, acompañados por el tráfico interminable y el timbre del teléfono de Alejandro, que no dejaba de sonar. Casi siempre era Diana, su asistente. Valentina frunció el ceño. ¿Tanto trabajo tenía este hombre… y aun así fue al hospital? Algo en todo aquello no encajaba.

No necesitaba su atención. Ya no. Alejandro tenía todo lo que había querido, incluso cuando jugaba con Ca

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