Los sirvientes observaban silenciosos cómo Jenny salía corriendo por los pasillos de la mansión, con sus ojos hinchados y un sollozo ahogado en su garganta. Los pasos femeninos se escuchaban alejar hacia algún lugar que nadie tenía, ya que ella ni siquiera conocía la mansión, pero ella se perdió en la distancia.
Minutos después, Danilo apareció en ese mismo trayecto, pero con el ceño fruncido y una expresión de enojo en su máximo esplendor. Bufaba entre dientes y murmuraba maldiciones para sí m