La llegada de Jenny a la mansión Hernández había sido todo, menos grata para quienes residían allí. A penas el auto se había detenido y la puerta se abriera, ella salió rápidamente y se acercó a la entrada con la frente en alto y sus lentes oscuros en pleno día nublado.
Al llegar ni siquiera había sido nada cortés en su trato con el mayordomo, mucho menos con los demás sirvientes. Pasó al lado de todos sin siquiera dirigirles la mirada, sus tacones resonaban en el esmaltado piso y su primera pa