Aria se ajustó la blusa, mirándome con unos ojos que brillaban con una intensidad salvaje bajo la luz agonizante de la vela. Se acercó a mí, tomó mi rostro entre sus manos y me besó con una urgencia que me dejó sin aliento.
—Una vez más, Kyler —susurró contra mis labios, su aliento cálido quemándome—. En tu cuarto. Solo una vez más antes de que el sol nos quite esto.
Me separé apenas unos centímetros, mirándola con horror y fascinación.
—Aria, es una locura —respondí, mi voz sonando como un rue